«Mao Zedong y el «maoísmo» se han convertido en uno de los obstáculos obstáculos más serios para la unidad del proletariado mundial y de los nuevos partidos comunistas y obreros marxista-leninistas. Por eso, a este nuevo mal camuflado es preciso oponerle en toda la línea nuestra infalible teoría, el marxismo-leninismo». (Enver Hoxha; El «Pensamiento Mao Zedong»; Reflexiones sobre China, Tomo II, 28 de mayo de 1976)
domingo, 24 de noviembre de 2013
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Sobre la concesión de principios en detrimento de otros pueblos
«Algunos camaradas piensan que, si lo exigieran los intereses de la Unión Soviética, los partidos comunistas del Occidente deberían adoptar una política derechista. No estoy de acuerdo con eso, camaradas. Debo decir, que tal posición es totalmente incompatible con los principios que nos sirven de guía a nosotros los camaradas rusos, en nuestro trabajo. No puede concebir jamás que se dé jamás el caso de que los intereses de nuestra República Soviética exijan de nuestros partidos hermanos desviaciones hacia la derecha. Pues, ¿qué significa practicar una política derechista? Significa traicionar, de un modo u otro, los intereses de la clase obrera. No puedo concebir que los intereses de la Unión Soviética puedan exigir de nuestros partidos hermanos la traición a los intereses de la clase obrera, ni siquiera por un segundo. No puedo concebir que los intereses de nuestra república, base del movimiento revolucionario proletario en el mundo entero, no exijan el máximo espíritu revolucionario y la máxima actividad de los obreros del Occidente, sino el descenso de su actividad, el atenuamiento de su espíritu revolucionario. Tal supuesto es ofensivo para nosotros». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en la comisión alemana en el VIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo la Komintern, 1926)
sábado, 16 de noviembre de 2013
El idealismo y la metafísica en la definición del papel de la política en la economía; Rafael Martínez, 2006
Acabando con el majestuoso libro «Sobre el manual de economía política de Shanghái», analizamos la pesada y metafísica manía de elevar «los roles de las personas en la producción y sus relaciones mutuas» hasta el punto de hacerlo eje de su pensamiento.
Siempre ha sido común dentro del revisionismo supeditar la ideología y la superestructura a la economía política, esto obviamente nos es comprensible si analizamos fríamente y vemos que la forma más fácil de introducir una revolución contrarrevolucionaria dentro del sistema económico es elevar este punto que hace apología del subjetivismo; ya que elimina paulativamente o más bien deja sobre el papel, las las leyes en la construcción del socialismo, sustituyendolas por la ideología pseudorevolucionaria, el voluntarismo, y una seria de medidas que liquidan cualquier intento de darle coherencia científica a lo que se hace y cómo se hace en la economía. ¡Como no podía ser de otra forma! Se ignora lo expresado por Marx y Engels, y se llega al punto de que a veces incluso este descubrimiento tan poco nuevo desarrolla aún más el propio marxismo-leninismo.
Estos planteamientos evidencian lo que ya hace tiempo Mao Zedong confesó tanto a los yugoslavos como al propio Molotov, que jamás se interesó en leer las obras más básicas de Marx, Engels, Lenin y Stalin para entender el papel de la superestructura y su relación con la base económica, y que las pocas que leyó –como se demuestra aquí– jamás las llegó a comprender, lo que hizo que formulara antítesis de las tesis de estos autores.
Recomendamos al lector especial atención al escarmiento que Lenin dio en su día a Bujarin y Trotsky que no comprendían la unidad dialéctica entre economía y política. Esta enorme lección hace que automáticamente se desmonte las críticas farisaicas de Mao a Stalin que partían precisamente de esta sobreestimación de la superestructura y decían que «Stalin y sus coetáneos soviéticos habrían descuidado la política en la economía». Como el autor dice: «en todo caso estos «valientes» deberían cerrar el periodo stalinista como «malo» en el ámbito económico y en el ámbito político para que su crítica fuera al menos dentro de los marcos del marxismo y la dialéctica».
Siempre ha sido común dentro del revisionismo supeditar la ideología y la superestructura a la economía política, esto obviamente nos es comprensible si analizamos fríamente y vemos que la forma más fácil de introducir una revolución contrarrevolucionaria dentro del sistema económico es elevar este punto que hace apología del subjetivismo; ya que elimina paulativamente o más bien deja sobre el papel, las las leyes en la construcción del socialismo, sustituyendolas por la ideología pseudorevolucionaria, el voluntarismo, y una seria de medidas que liquidan cualquier intento de darle coherencia científica a lo que se hace y cómo se hace en la economía. ¡Como no podía ser de otra forma! Se ignora lo expresado por Marx y Engels, y se llega al punto de que a veces incluso este descubrimiento tan poco nuevo desarrolla aún más el propio marxismo-leninismo.
Estos planteamientos evidencian lo que ya hace tiempo Mao Zedong confesó tanto a los yugoslavos como al propio Molotov, que jamás se interesó en leer las obras más básicas de Marx, Engels, Lenin y Stalin para entender el papel de la superestructura y su relación con la base económica, y que las pocas que leyó –como se demuestra aquí– jamás las llegó a comprender, lo que hizo que formulara antítesis de las tesis de estos autores.
Recomendamos al lector especial atención al escarmiento que Lenin dio en su día a Bujarin y Trotsky que no comprendían la unidad dialéctica entre economía y política. Esta enorme lección hace que automáticamente se desmonte las críticas farisaicas de Mao a Stalin que partían precisamente de esta sobreestimación de la superestructura y decían que «Stalin y sus coetáneos soviéticos habrían descuidado la política en la economía». Como el autor dice: «en todo caso estos «valientes» deberían cerrar el periodo stalinista como «malo» en el ámbito económico y en el ámbito político para que su crítica fuera al menos dentro de los marcos del marxismo y la dialéctica».
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| Chou En-lai, Mao Zedong y Lin Biao durante un evento de 1967 |
El idealismo y la metafísica en la definición del papel de la política en la economía
En esta sección abordamos brevemente la cuestión de la metafísica y el idealismo en el tratamiento de las relaciones entre política y economía asumidas y aplicadas consistentemente por los autores del manual de Shanghái. Este es de hecho, un principio básico más de la teoría defendida por los autores del manual de Shanghái que no difiere de su aplicación en otros temas tratados anteriormente. Sin embargo, por el bien de la presentación de nuestra crítica, nos parece más conveniente cubrir esta cuestión, aunque no nos extendamos mucho. Este orden de ideas puede ayudar al lector a apreciar más claramente el papel central que desempeñan todas estas funciones idealistas y metafísicas en el establecimiento de una nueva doctrina económica después de la finalización del Primer Plan Quinquenal.
De hecho, el tratamiento metafísico de la política y la economía no es una invención o novedad introducida por parte de los autores del manual de Shanghái, como casi todos sus defectos de este escrito, ya venía siendo común a toda una serie de tendencias ideológicas anteriores al propio maoísmo. Por ejemplo, la metafísica en el tratamiento de la política y la economía es común a los ideólogos del trotskismo y una serie de tendencias idealistas de la década de 1920 en la Unión Soviética, los cuales no son muy bien conocidas porque no han sido traducidas a los diferentes idiomas. Bogdanov, por ejemplo influyó grandemente a Bujarin y Rykov y otras tendencias desviacionistas de derecha que surgirían en el período de posguerra dentro de la Unión Soviética. Meter la metafísica en la cuestión de la política y la economía no fue siquiera algo inventado por los desviacionistas antes mencionados, ya que esta característica es básicamente premarxista. Para comprender plenamente la razón de ser de este problema habría que empezar por la influencia del pensamiento filosófico y económico burgués que Marx y Engels expusieron y denunciaron sistemáticamente.
domingo, 3 de noviembre de 2013
La concepción gradualista de la colectivización; Rafael Martínez, 2006
Pese a que se empeñara Mao en su escrito de 1956 «Sobre las diez grandes relaciones» y dijera que su Estado a diferencia de la Unión Soviética «contempla tanto los intereses del Estado como los de los campesinos» y que se basa en el «intercambio equivalente de valores». Lo cierto es que su manera de tratar el tema agrícola no era superior a la forma en que lo hizo Stalin; ni se dotó de la misma o de una «innovadora» teoría marxista-leninista, ni le reportó mejores beneficios dicho sendero, y claro que este paradigma obviamente «contemplaba diferente los intereses» de las clases a como se había hecho en la URSS, ya que sus beneficiarios fueron las clases ricas al introducir las técnicas capitalistas que a continuación veremos. Este Jruschov chino que como su homólogo revisionista soviético, se la daba de «experto en el tema agrícola», causaría alguno de los desastres económicos más sonados. Pese a no tener un plan industrial continuo que dotara al campo de gran maquinaria gracias a los conceptos jruschovistas del líder chino sobre la industrialización, Mao Zedong empezó a teorizar en otras de sus obras de finales de los 50 nuevas formulas también para colectivizar el campo a gran escala e incluso pasando a hablar de elevar las granjas colectivas a su siguiente etapa. Fórmulas que como todo su engendro teórico tiene un pasado antimarxista previo detectable.
Aquí el maoísmo intentó durante 1958-1960 colectivar la tierra en contubernio con los kulaks, queriendo aumentar la producción sin una debida mecanización del campo, sin una centralización y un dominio de la técnica, creyendo por mero voluntarismo que las pequeñas unidades de producción dispersas eran suficiente para aumentar los rendimientos y alcanzar a los países occidentales –en cuestiones como el acero–, así con los famosos hornos industriales caseros se produjo mucho material de mala calidad o inservible con el consiguiente gasto de energías, material y tiempo, mientras además se descuidaba la producción de otros productos como el alimento; se produjo la exterminación de especies animales –como gorriones– creyendo asegurar así sus cosechas, pero que lejos de eso rompieron el equilibrio natural produciéndose otras plagas –langostas–; en definitiva, se formaron comunas que preveían que serían autosuficientes pero que pronto ante la falta de producción tuvieron que ser desechadas
Una de las «innovaciones teóricas» de este «genio» fue la idea jruschovista de ceder las maquinaria agrícola –medios de producción– a las propias colectividades, bajo la misma excusa jruschovista de que «es una gran desconfianza respecto a los campesinos» y como buen tioista «justificando» esto diciendo que el Estado detente los medios de producción en las colectividades es un hecho que demuestra que «El Estado ejerce un control asfixiante sobre los campesinos», dando así, muestras de no haber entendido nada de economía política marxista. Cuando Mao crea las llamadas «comunas populares» no debe entenderse a estas comunas como se ha considerado siempre dentro del marxismo, ya que pese al nombre, dichas comunas populares eran la la agregación de los campesinos individuales en términos de cooperación simple sobre la base del trabajo manual teniendo las relaciones monetario-mercantiles como vínculo económico principal, lo que Mao, bajo el mismo prisma titoista toma por tanto de este término, es la independencia económica de la unidad productiva, lo que los chinos llamaron la búsqueda de la «autosuficiencia» que era aplicada casi por igual a las empresas de propiedad estatal como de propiedad colectiva. Veremos como las ideas maoístas coincide lamentablemente con las ideas de Bujarin, y junto con él Trotsky, que creían firmemente que el camino hacia la colectivización y la elevación de la producción campesina a formas superiores de organización pasaba a través de las relaciones de mercado y de que el Estado socialista influyera en la agricultura a través del intercambio mercantil, de ahí el llamado «concepto gradualista» que prorroga siempre todo en beneficio de la ley del valor. Veremos así mismo conatos antimarxistas que van en la dirección contraria, como en el Gran Salto Adelante, en un patético intento de elevar las granjas colectiva a propiedad del todo el pueblo sin base material –consecuencia de sus políticas industriales– fracasan, a causa de no entender las leyes del marxismo-leninismo y barajar todo a partir de un idealista y una metafísica delirante que pretende lograr dicho cambio a base de la voluntad revolucionaria de los campesinos. Esto se une a otras teorías necias como que la producción de las granjas colectivas, es decir: vastos sectores no socializados de la economía, es una manifestación de la producción social directa. Recomendamos como el autor hace, repasar y estudiar las técnicas de colectivización chinas más a fondos para ver que además de estas salidas de tono teóricas, en solidaridad con sus hermanos yugoslavos, adoptaron la misma postura que ya adoptaron con la burguesía nacional de la cuidad; la transformación pacífica, recordemos las palabras del PCChque Mao saludo en sus obras escogidas:
Una de las «innovaciones teóricas» de este «genio» fue la idea jruschovista de ceder las maquinaria agrícola –medios de producción– a las propias colectividades, bajo la misma excusa jruschovista de que «es una gran desconfianza respecto a los campesinos» y como buen tioista «justificando» esto diciendo que el Estado detente los medios de producción en las colectividades es un hecho que demuestra que «El Estado ejerce un control asfixiante sobre los campesinos», dando así, muestras de no haber entendido nada de economía política marxista. Cuando Mao crea las llamadas «comunas populares» no debe entenderse a estas comunas como se ha considerado siempre dentro del marxismo, ya que pese al nombre, dichas comunas populares eran la la agregación de los campesinos individuales en términos de cooperación simple sobre la base del trabajo manual teniendo las relaciones monetario-mercantiles como vínculo económico principal, lo que Mao, bajo el mismo prisma titoista toma por tanto de este término, es la independencia económica de la unidad productiva, lo que los chinos llamaron la búsqueda de la «autosuficiencia» que era aplicada casi por igual a las empresas de propiedad estatal como de propiedad colectiva. Veremos como las ideas maoístas coincide lamentablemente con las ideas de Bujarin, y junto con él Trotsky, que creían firmemente que el camino hacia la colectivización y la elevación de la producción campesina a formas superiores de organización pasaba a través de las relaciones de mercado y de que el Estado socialista influyera en la agricultura a través del intercambio mercantil, de ahí el llamado «concepto gradualista» que prorroga siempre todo en beneficio de la ley del valor. Veremos así mismo conatos antimarxistas que van en la dirección contraria, como en el Gran Salto Adelante, en un patético intento de elevar las granjas colectiva a propiedad del todo el pueblo sin base material –consecuencia de sus políticas industriales– fracasan, a causa de no entender las leyes del marxismo-leninismo y barajar todo a partir de un idealista y una metafísica delirante que pretende lograr dicho cambio a base de la voluntad revolucionaria de los campesinos. Esto se une a otras teorías necias como que la producción de las granjas colectivas, es decir: vastos sectores no socializados de la economía, es una manifestación de la producción social directa. Recomendamos como el autor hace, repasar y estudiar las técnicas de colectivización chinas más a fondos para ver que además de estas salidas de tono teóricas, en solidaridad con sus hermanos yugoslavos, adoptaron la misma postura que ya adoptaron con la burguesía nacional de la cuidad; la transformación pacífica, recordemos las palabras del PCChque Mao saludo en sus obras escogidas:
«En nuestro país, los aliados de la clase obrera no sólo consisten en el campesinado y la pequeña burguesía urbana, sino también en la burguesía nacional. Por esta razón, con el fin de transformar nuestra vieja economía, debemos utilizar los medios pacíficos de transformación no sólo en el caso de la agricultura y la artesanía, sino también en el caso de la industria. (...) el Partido decidió que se les permita trabajar en las cooperativas sobre la base de igualdad de retribución para un mismo trabajo, pero con status diferentes, dependiendo de las condiciones de cada caso. El propósito de esto era para reformarlos, para que pudieran hacer un nuevo comienzo en la vida». (Liu Shao-shi; Informe al VIIIº Congreso del PCCh de 1956)
Vemos por tanto que la técnica es la usada por los titoistas en sus falsas colectividades como se ve en la obra de James Klugmann: «De Trotski a Tito de 1951».
El documento:
El documento:
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| Zhu De, Chou En-lai, Mao Zedong, Liu Shaoqi en 1964. Esperando a recibir a Chou En-lai tras ir este a reconciliarse con la dirección soviética que tenía nuevo dirigente soviético: Leonid Brezhnev |
La concepción gradualista de la colectivización
El tema de la colectivización en China es algo que da para mucho. Al igual que otros larguísimos temas, no nos incube en este caso explicar extensamente la idea de los economistas chinos y las políticas de colectivización. Este debería ser el tema de un trabajo independiente para hacerlo de forma correcta. Pero sin embargo en esta sección nos concentramos en la concepción gradualista de la colectivización, que en nuestra opinión, ha desempeñado un papel central en el papel en las comunas populares durante la llamada «transformación socialista de la economía», la cual difiere fundamentalmente de la concepción marxista-leninista de la colectivización. Examinaremos estas características en el marco de la visión global de la transformación económica resumida por los autores del manual de Shanghái. En nuestra opinión las características básicas de la concepción de la colectivización de los autores mantienen similares fallos junto a otros puntos de vista económicos, los cuales ya hemos citado, siendo totalmente antimarxistas. En general, el camino de la colectivización resumido por los autores en esencia, no es socialista y se basa en una serie de conocidas teorías de derecha a las que vamos a hacer referencia en el presente artículo bajo el término genérico de «gradualismo» para que se nos entienda al instante.
sábado, 2 de noviembre de 2013
La contrarrevolución armada en Budapest (1956); Ludo Martens, 1990
Ya que hemos empezado a analizar los elementos que pudieron desencadenar la crisis polaca de 1956, venimos ahora con su crisis homóloga: la crisis húngara de 1956 que desembocó con la contrarrevolución armada de 1956. El texto del belga Ludo Martens nos va a ayudar a entender los precedentes internos –como la reorganización de las clases derrotadas tras la toma de poder, o las tendencias nacionalistas-burguesas dentro del partido– y las externas –la captación de agentes en las filas del partido, o la financiación del exterior a las capas reaccionarias–. Pese a que Ludo Martens no sea un marxista-leninista, ya que siempre fue maoísta, este capítulo es rico en documentación y sirve perfectamente para determinar el proceso de la democracia popular húngara.
Pasaremos por tanto a analizar; desde el primer intento de golpe de Estado en 1946 –para ver que la reacción nunca ceja aceptara una vía pacífica al socialismo–, las acciones del famoso arzobispo Mindszenty –para ver la posición de la iglesia en estos procesos–, la posición estadounidense –auxiliando a los partidos de derecha y criticando los procesos contra los criminales de guerra fascistas–, la lucha contra el derechismo y el nacionalismo en el partido –analizando el caso del agente titoista László Rajk o pasando brevemente por la expulsión de János Kádár e Imre Nagy del partido–. Llegando a 1953 vemos como todo se desmonta como un castillo de naipes y el Comité Central del partido elige a un renegado como Imre Nagy, añadiéndose rehabilitaciones de hombres como János Kádár en 1954. Mátyás Rákosi y Ernő Gerő recuperan el poder brevemente en 1955 y consiguen expulsar de nuevo a Imre Nagy, hasta que en 1956 impulsados por la ola del XXº Congreso del PCUS (1956) Nagy volverá a la cabeza del partido. En esos días veremos los comentarios de John Foster Dulles hablando abiertamente de «intensificar la presión sobre los países satélites, lo que podría conducir a su liberación completa» y las arengas de Radio Europa Libre. Para finalizar veremos los acontecimientos en Hungría a partir de octubre, y brevemente los papeles de Nikita Jruschov, Tito, Imre Nagy, János Kádár, y demás –este acontecimiento estará explicado más extensamente en otras publicaciones–. Y como capítulo final un análisis de los procedimientos antileninistas de János Kádár en el Partido Socialista Obrero Húngaro desde 1957 hasta 1989.
Cabe añadir como curiosidad, que a las técnicas «confesadas» de provocación de los agentes de la CIA como Joseph Swiatlo para inculpar a otros honestos militantes, estamos de acuerdo con Ludo Martens, y lo cierto es que dichas «confesiones» responden más bien a resguardar a sus agentes operativos de entonces y a dar otra razón para aminorar la vigilancia en los Estados socialistas. En el caso que comenta el documento, el de Władysław Gomułka, existe suficiente documentación para esclarecer que las acusaciones a Gomułka sobre inclinaciones derechistas y nacionalistas –que no espionaje– son demostrables y se pueden rastrear facilmente. En particular vemos como en el momento álgido de la contrarrevolución, muchos partidos que se habían «comprometido» por construir el socialismo, se quitan la careta y abogan por la propiedad privada, dando una lección histórica sobre la idea revisionista del perpetuar ad infinitum el multipartidismo en el socialismo bajo condiciones «histórico-nacionales».
El documento:
Pasaremos por tanto a analizar; desde el primer intento de golpe de Estado en 1946 –para ver que la reacción nunca ceja aceptara una vía pacífica al socialismo–, las acciones del famoso arzobispo Mindszenty –para ver la posición de la iglesia en estos procesos–, la posición estadounidense –auxiliando a los partidos de derecha y criticando los procesos contra los criminales de guerra fascistas–, la lucha contra el derechismo y el nacionalismo en el partido –analizando el caso del agente titoista László Rajk o pasando brevemente por la expulsión de János Kádár e Imre Nagy del partido–. Llegando a 1953 vemos como todo se desmonta como un castillo de naipes y el Comité Central del partido elige a un renegado como Imre Nagy, añadiéndose rehabilitaciones de hombres como János Kádár en 1954. Mátyás Rákosi y Ernő Gerő recuperan el poder brevemente en 1955 y consiguen expulsar de nuevo a Imre Nagy, hasta que en 1956 impulsados por la ola del XXº Congreso del PCUS (1956) Nagy volverá a la cabeza del partido. En esos días veremos los comentarios de John Foster Dulles hablando abiertamente de «intensificar la presión sobre los países satélites, lo que podría conducir a su liberación completa» y las arengas de Radio Europa Libre. Para finalizar veremos los acontecimientos en Hungría a partir de octubre, y brevemente los papeles de Nikita Jruschov, Tito, Imre Nagy, János Kádár, y demás –este acontecimiento estará explicado más extensamente en otras publicaciones–. Y como capítulo final un análisis de los procedimientos antileninistas de János Kádár en el Partido Socialista Obrero Húngaro desde 1957 hasta 1989.
Cabe añadir como curiosidad, que a las técnicas «confesadas» de provocación de los agentes de la CIA como Joseph Swiatlo para inculpar a otros honestos militantes, estamos de acuerdo con Ludo Martens, y lo cierto es que dichas «confesiones» responden más bien a resguardar a sus agentes operativos de entonces y a dar otra razón para aminorar la vigilancia en los Estados socialistas. En el caso que comenta el documento, el de Władysław Gomułka, existe suficiente documentación para esclarecer que las acusaciones a Gomułka sobre inclinaciones derechistas y nacionalistas –que no espionaje– son demostrables y se pueden rastrear facilmente. En particular vemos como en el momento álgido de la contrarrevolución, muchos partidos que se habían «comprometido» por construir el socialismo, se quitan la careta y abogan por la propiedad privada, dando una lección histórica sobre la idea revisionista del perpetuar ad infinitum el multipartidismo en el socialismo bajo condiciones «histórico-nacionales».
El documento:
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| Marcha comunista sobre la emblemática Avenida Andrássy en la inaguración del Bloque de izquierdas, durante el 7 de marzo de 1946 |
En 1990, ya no se discutía que la restauración del capitalismo en Hungría era un hecho. Varios eminentes pensadores tuvieron la ocasión de exponer sus profundas justificaciones de este proceso «liberador». Según algunos de ellos, esta resurrección del capitalismo sería la prueba final de la bancarrota de 45 años de «stalinismo», Oros estimaron que el capitalismo probó su notable dinamismo, y que el socialismo se derrumbó por su fracaso económico. Una tercera justificación sostuvo que, puesto que no solo de pan vive el hombre, la ausencia de democracia y de libertad propia del «stalinismo» –léase «socialismo»– llevó a las masas a deshacerse del régimen totalitario. Y una última teoría que vino a anquilosar nuestros espíritus no debemos lamentar la restauración actual, ya que Hungría se limitó a sufrir el despotismo asiático impuesto por los tanques soviéticos y, en realidad, nunca conoció el socialismo.
Estas cuatro teorías, difundidas por los filósofos oficiales de Occidente, nos empujan hacia la resignación frente a la restauración, e incluso, hacia una cierta simpatía por la «liberación» de Hungría. Ellas han encontrado una acogida favorable en el seno de la izquierda domesticada del mundo imperialista. Redibujar algunas líneas esenciales de la historia húngara nos permitirán establecer cuatro verdades.
Entre 1945 y 1948, los trabajadores húngaros llevaron adelante una revolución socialista e instauraron la dictadura del proletariado. En 1956, una contrarrevolución violenta, provocada por la derecha húngara con el apoyo del «mundo libre», amenazó las bases mismas del régimen socialista. Después del establecimiento del orden por el ejército soviético, Janos Kadar mantuvo ciertos rasgos del socialismo, al mismo tiempo que rompía con el marxismo-leninismo revolucionario y seguía una línea de descomposición interna lenta.
En 30 años de evolución pacífica, Kadar y sus sucesores realizaron, finalmente, todos los objetivos señalados por los rebeldes de 1956. La contrarrevolución armada se hundió para reaparecer y triunfar, tres décadas más tarde, como contrarrevolución pacífica.
viernes, 25 de octubre de 2013
El papel de las relaciones monetario-mercantiles; Rafael Martínez, 2006
Llegando al tema de las relaciones monetario-mercantiles, tercer capítulo del libro de Rafael Martinez titulado: «Sobre el Manual de Economía Política de Shangái», veremos como patina estrepitosamene el revisionismo maoísta a la hora de intentar cuadrar su «socialismo de mercado» con lo que debería ser el socialismo resultante de la puesta en práctica del marxismo-leninismo. Como el autor explica veremos ciertas aproximaciones a los postulados premarxistas, jruschovianos, bujarinistas, o titoistas como; vender los tractores a las colectividades, perpetuar y elevar la ley del valor para regular el mercado y las relaciones entre empresa y Estado, querer aparentar centralización y planificación a nivel nacional con un plan en una economía descentralizada y atada a la ley del valor, propagar la idea de que el subdesarrollo de las fuerzas de producción en las condiciones históricas concretas de un país agrícola atrasado, como una razón objetiva de la existencia de estas relaciones monetario-mercantiles en el sector estatal de la economía, etc. Pero, no sin que en el intento de colar dichos despropósitos nieguen la incorporación «nuevos» absurdos teóricos a la pila de teorías revisionistas; como que la propiedad colectiva es una propiedad directamente social.
El documento:
El documento:
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| Zhu De, Zhou Enlai, Chen Yun, Liu Shaoqi, Mao Zedong, Deng Xiaoping |
El papel de las relaciones monetario-mercantiles
En la presente sección se evalúa el papel de las relaciones monetario-mercantiles en el sistema propugnado por los autores del manual de Shanghái. Es conveniente tener en cuenta que los postulados presentados por los autores con respecto a las relaciones monetario-mercantiles difieren poco en la esencia de las defendidas por los economistas revisionistas en el período que abarca después de la muerte de Stalin. Observamos una serie de diferencias formales con respecto a la línea del partido definida por sus homólogos de la Unión Soviética, pero éstas, a pesar de lo que muchos podrían reclamar, no alteran la esencia verdadera del «socialismo de mercado» de sus postulados. Este es el caso también para otros aspectos de la economía política de la sociedad de transición presentados en el manual.
Es pertinente señalar que en el tratamiento de las relaciones monetario-mercantiles, dicho manejo de los autores del asunto, acaba siendo un subproducto más de de sus postulados fundamentales, estando claramente ligado a fuertes elementos premarxistas tan característicos del manual de Shanghái. Su «socialismo de mercado» es el resultado de consideraciones más básicas y añade poco a la historia en cuestión si se mira desde la perspectiva histórica de la formación del pensamiento marxista y la lucha contra las desviaciones de derecha. Vamos a empezar la discusión con una de las conclusiones más importantes extraídas en el famoso manual:
«El desdoblamiento de cooperación socialista requiere una extensión del estilo de trabajo comunista, una firme adhesión a los principios socialistas, una observancia voluntaria de las políticas fiscales y la aplicación decidida de las distintas políticas económicas proletarias. Por lo tanto, en las relaciones de cooperación entre las empresas estatales y las empresas colectivas, en todo, entre las empresas del Estado, entre las empresas colectivas, entre sectores y entre regiones, debe observarse el principio del intercambio equivalente y precios justos». (ibíd., p. 297)
Dicha sentencia hace hincapié en algo que no representa nada más que la conocida «ley del valor», o también llamada «ley del intercambio equivalente». La declaración es explícita: la ley del valor regula el intercambio de trabajo entre los objetos de producción en la sociedad de transición, ya sea entre empresas estatales y propiedad colectiva, o entre las empresas de propiedad estatal [13]. Esta expresión de defensa del «socialismo de mercado» no es una expresión aislada en el manual, sino que sigue su matriz más pura y elemental, y dicho «socialismo de mercado» no es nuevo, el cual ya fue defendido por Dühring y todas las desviaciones revisionistas de derecha después de él. Esta declaración es fundamentalmente premarxista y constituye uno de los pilares más importantes de la interpretación pequeñoburguesa de la economía política de la sociedad de transición.
domingo, 20 de octubre de 2013
Los «demonios» fuera de control; el ascenso de Gomulka al poder
Continuando con el prometido repaso a la República Popular de Polonia, dejamos este análisis que toca –aunque bien es cierto que brevemente– las causas de la regresión jruschohovista que también afectó al Partido Obrero de Unificación Polaco (POUP). Entre la evaluación de Enver Hoxha sobre la figura del polaco Bierut; de quien recalca que era un hombre humilde y de sólidos principios, valora el gran avance en la construcción económica e ideológica del socialismo en Polonia, pero a la vez intenta explicar porqué en dicho partido se sufrió tal retroceso hacia posiciones revisionistas; entre ellas cree que la unificación entre varias organizaciones durante los años 20 y 40 y el consiguiente no cuidado en mantener el nivel ideológico pueden haber sido el detonante de que no se haya podido salvaguardar la ideología marxista-leninista en todas las filas del partido, así mismo el albanés subraya que en ciertos momentos no se le apretó las tuercas lo suficiente a la burguesía dejando intacto ciertas posiciones a que a posteriori serían aprovechadas, ni se supo manejar el partido polaco correctamente en la siempre difícil cuestión agraria. Hay que recordar pues, que la experiencia polaca fue diferente a la albanesa, o a la soviética, pero eso no significaba que durante 1944-1956 –antes de la entrada de Władysław Gomułka– no se siguiera el camino en el POUP de las leyes de la construcción del socialismo, al revés lo cierto es, como bien expresó el marxista-leninista Bierut, la diferencia primaba en los ritmos de aplicaciones de las medidas revolucionarias dándose además la suerte para Polonia, de tener como referencia una experiencia victoriosa como era la de la Unión Soviética:
«Como se ha señalado, dicha tendencia a pasar por alto o a aminorar el camino polaco hacia el socialismo pretende trafican con la verdad, que es la siguiente; a pesar de ciertas características específicas, nuestro proceso no es algo cualitativamente diferente de la trayectoria general de desarrollo hacia el socialismo, el cual sólo difiere en la forma de la trayectoria general de desarrollo, una diferencia que de por sí surge precisamente por la victoria previa del socialismo en la Unión Soviética, una diferencia que se puede basar en la experiencia previa de la construcción socialista en la Unión Soviética, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el nuevo período histórico y de las condiciones específicas de la evolución histórica de Polonia». (Bolesław Bierut, Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas: Discurso en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de los Trabajadores de Polonia de Septiembre de 1948)
Por ejemplo al implantarse la hegemonía política ya vemos una diferencia palpable si lo comparamos con la revolución albanesa, ya que en Polonia existían varios partidos burgueses y pequeño burgueses con mayor influencia en algunos aspectos que el Partido Obrero Polaco al término de la guerra, a diferencia del Partido Comunista de Albania que se enfrentaba a una carencia histórica de partidos, lo que vinculándolo a que gracias en parte a su gran labor de unión con las masas, tuvo un sendero más directo y fácil al haber ganado la hegemonía de la clase obrera y el resto de las masas trabajadoras durante la guerra antifascista, pudiendo incluso durante el transcurso de la misma eliminar a los pocos y traicioneros partidos burgueses que quisieron emergen entonces y después de la guerra, contando así en la posguerra con una reacción feudal-burguesa mucho más desorganizada que en los marxista-leninistas polacos y su proceso. Pero en resumen, muchos de las conclusiones sacadas por Enver Hoxha son las ya adelantadas por el propio Bierut en 1948 lo que indica el valor de la crítica precedente contra Władysław Gomułka, al que el tiempo demostró que no se le debió da una segunda oportunidad. El resto del texto trata de documentar los sucesos que hicieron posible el ascenso de Władysław Gomułka el 5 de octubre de 1956. En los próximos días traeremos un nuevo análisis sobre el levantamiento de Poznan de 1956. Como dato, en el IIº Congreso del POUP de 1954, al IIIº Congreso del POUP de 1956, los revisionistas polacos lograron expulsar a más de la mistad de miembros del Politburo, siendo solamente reelegidos 4/18 miembros exceptuando a Bierut que falleció seguramente asesinado por los jruschovistas en marzo de 1956.
El documento:
«Como se ha señalado, dicha tendencia a pasar por alto o a aminorar el camino polaco hacia el socialismo pretende trafican con la verdad, que es la siguiente; a pesar de ciertas características específicas, nuestro proceso no es algo cualitativamente diferente de la trayectoria general de desarrollo hacia el socialismo, el cual sólo difiere en la forma de la trayectoria general de desarrollo, una diferencia que de por sí surge precisamente por la victoria previa del socialismo en la Unión Soviética, una diferencia que se puede basar en la experiencia previa de la construcción socialista en la Unión Soviética, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el nuevo período histórico y de las condiciones específicas de la evolución histórica de Polonia». (Bolesław Bierut, Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas: Discurso en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de los Trabajadores de Polonia de Septiembre de 1948)
Por ejemplo al implantarse la hegemonía política ya vemos una diferencia palpable si lo comparamos con la revolución albanesa, ya que en Polonia existían varios partidos burgueses y pequeño burgueses con mayor influencia en algunos aspectos que el Partido Obrero Polaco al término de la guerra, a diferencia del Partido Comunista de Albania que se enfrentaba a una carencia histórica de partidos, lo que vinculándolo a que gracias en parte a su gran labor de unión con las masas, tuvo un sendero más directo y fácil al haber ganado la hegemonía de la clase obrera y el resto de las masas trabajadoras durante la guerra antifascista, pudiendo incluso durante el transcurso de la misma eliminar a los pocos y traicioneros partidos burgueses que quisieron emergen entonces y después de la guerra, contando así en la posguerra con una reacción feudal-burguesa mucho más desorganizada que en los marxista-leninistas polacos y su proceso. Pero en resumen, muchos de las conclusiones sacadas por Enver Hoxha son las ya adelantadas por el propio Bierut en 1948 lo que indica el valor de la crítica precedente contra Władysław Gomułka, al que el tiempo demostró que no se le debió da una segunda oportunidad. El resto del texto trata de documentar los sucesos que hicieron posible el ascenso de Władysław Gomułka el 5 de octubre de 1956. En los próximos días traeremos un nuevo análisis sobre el levantamiento de Poznan de 1956. Como dato, en el IIº Congreso del POUP de 1954, al IIIº Congreso del POUP de 1956, los revisionistas polacos lograron expulsar a más de la mistad de miembros del Politburo, siendo solamente reelegidos 4/18 miembros exceptuando a Bierut que falleció seguramente asesinado por los jruschovistas en marzo de 1956.
El documento:
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| Cyrankiewicz, Chou En-lai, Gomułka En la visita de Chou En-lai a Polonia en 1957 |
Los «demonios» fuera de control; el ascenso de Gomułka al poder
Polonia 1956, Gomułka en el trono
Fenómenos tales como los que se dieron en Hungría, se desarrollaron también en Polonia casi en la misma época, pero los acontecimientos dé este último país no cobraron las mismas proporciones y el mismo carácter dramático que en Hungría. También en Polonia se había instaurado la dictadura del proletariado, bajo la dirección del Partido Obrero Unificado Polaco, pero allí, a pesar de la ayuda que era concedida por la Unión Soviética, el socialismo no se desarrolló con los ritmos requeridos. Mientras Bierut estuvo a la cabeza y el partido polaco mantuvo correctas posiciones, se lograron éxitos en el desarrollo socialista del país. Peor las primeras reformas y medidas que se adoptaron no fueron llevadas hasta las últimas consecuencias, y la lucha de clases tampoco se desarrolló como era debido. El proletariado creció, la industria se desarrolló, se desplegaron algunos esfuerzos para propagar las ideas marxistas entre las masas, pero los elementos de la burguesía conservaron de facto muchas de sus posiciones dominantes. En el campo no se realizó la reforma agraria y la colectivización quedó a mitad de camino, hasta que Władysław Gomułka declaró no rentables las cooperativas y granjas estatales y favoreció el ascenso de la capa de los kulaks en el campo polaco.
Al igual que en Hungría, Alemania del Este, Rumanía y otros lugares, el partido polaco se formó mediante una unión mecánica del partido existente con partidos burgueses denominados obreros. (1) (Este partido se formó en 1942: entraron a formar parte de él elementos de izquierda del Partido Socialista Polaco y principalmente elementos del antiguo Partido Comunista de Polonia. Este último había sido creado también como resultado de la fusión de dos partidos obreros polacos: La Socialdemocracia del Reino Polaco y de Lituania y el Partido Socialista Polaco de izquierda, en diciembre 1918. En 1925, tomó el nombre de Partido Comunista de Polonia. Se disolvió en 1938)
Quizá una cosa así fuese necesaria para unir al proletariado bajo la dirección de un partido único, pero esta unión debía realizarse a través de un gran trabajo ideológico, político y organizativo para que los ex miembros de los demás no sólo fuesen asimilados, sino, lo que es más importante, fuesen educados profundamente en las normas ideológicas y organizativas marxista-leninistas. Pero esto no se produjo ni en Polonia, ni en Hungría ni en otros países, y de hecho lo único que pasó fue que los miembros de los partidos burgueses cambiaron de nombre, se hicieron «comunistas», conservando sus viejos puntos de vista, su vieja concepción del mundo.
Así, los partidos del proletariado no sólo no se reforzaron, sino que por el contrario se debilitaron, pues ahí arraigaron con sus puntos de vista los socialdemócratas y los oportunistas, caso de Cyrankiewicz, Marosan, Grotewohl, etc.
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